El desierto de Judea, alberga una de las Siete Maravillas del Mundo: un lago sin vida propia, al que el transcurrir de la historia le arrebató todo lo que tenía dentro.
El Mar Muerto sigue, como Groucho Marx, manteniendo intacto su sentido del humor en la otra vida.
No niega un baño a nadie, ni confirma ni desmiente sus màgicas propiedades,
pareciendo así imitar burlescamente a la ciudad a la que da la espalda.
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