No ha de sorprenderte el poderoso que tiene por quimera lo que para otros es desdicha.
No busques odio, avaricia o rencor en sus actos.
Es su extraordinariedad no compartida el germen de su aislado espíritu; y es este quien le envuelve en una espiral de tristeza ávida de un insípido plus ultra.
El indómito hipa prisionero de su presente pendular, ora deslumbrante ora opaco.
ResponderEliminarSu existencia extraordinaria confiere a todo lo que siente la magia que le es inherente.
El más allá puede ser contemplado a través del cristal de la esperanza. Mañana más.