Campesino, no vuelvas a regalar tu fruta a quien retira de ella el sabor de tus manos, al que desperdicia su piel y a aquel que arroja su corazón contra el suelo.
Una nueva fruta nacerá de la semilla desechada, alimentada por gastados jirones, y perfumada por el sudor de tu piel.
Ahora, ofrécela a quien tenga hambre.
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